Monsanto

LAS LANGOSTAS Y LOS FALSOS PROFETAS PAGADOS POR MONSANTO

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No existen cultivos transgénicos, ni de maíz, ni de otros vegetales, modificados genéticamente para repeler insectos del orden Orthoptera, en específico de la especie Schistocerca cancellata que es la plaga que está afectando diversos cultivos en tres departamentos del país

De un tiempo a esta parte, o para ser más precisos desde que la CAO (Cámara Agropecuaria del Oriente), el IBCE (Instituto Boliviano de Comercio Exterior) y los importadores de agroquímicos para la industria agrícola se han empeñado en facilitar la entrada ilegal del maíz transgénico en Bolivia para aumentar sus ingresos, hemos visto como la prensa escrita de los principales medios del país se hace cómplice de este ilícito.

Bolivia está entre los 20 países con más biodiversidad del mundo. Al mismo tiempo, se conocen unas 77 variedades de maíz nativo las que serán irremediablemente perdidas si se autoriza el cultivo de maíz transgénico al país.

En el artículo del diario Los Tiempos de Cochabamba titulado Las langostas se quedarán años en el país; las medidas serán sólo paliativas (1), publicado el día martes 15 de febrero 2017 se pretende desinformar a la población y a los consumidores bolivianos con que “el maíz transgénico no habría sido atacado por las langostas”, dato que nos proporciona la periodista aludiendo a dos entrevistados.

La información de campo a nuestra disposición y confirmada por Sociedad Boliviana de Entomología es que la reciente plaga de langosta especie Schistocerca cancellata tiene origen en Bolivia y que está arrasando indiscriminadamente con diferentes cultivos transgénicos y convencionales ya en tres departamentos del sur y oriente del país.

Nos preocupa enormemente la calidad de la información que los medios ponen a disposición de los lectores dando de forma irresponsable tribuna a la apología falaz que se pretenden hacer de los cultivos transgénicos aprovechando el pánico que la plaga de langostas está ocasionando en Bolivia.

La nota cita al presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos en Bolivia Marco Antonio Villarroel Virhuez quien aparece diciendo que “una inspección demostró que la plaga (de langostas) no afectó cultivos transgénicos, debido a que sus componentes la repelen.”

A este respecto la documentación científica que manejamos como parte de nuestro quehacer diario en el mundo de la agroecología es la siguiente:

No existen cultivos transgénicos, ni de maíz, ni de otros vegetales, modificados genéticamente para repeler insectos del orden Orthoptera, en específico de la especie Schistocerca cancellata que es la plaga que está afectando diversos cultivos en tres departamentos del país. (2)

Nos preguntamos si el señor Marco Antonio Villarroel Virhuez presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos fue malinterpretado por la periodista encargada del artículo o lo que persigue es desinformar a los ciudadanos en relación a los cultivos transgénicos otorgándoles beneficios que no tiene.

Unas líneas más arriba el artículo alude al señor Gary Rodríguez, economista y gerente general del IBCE- suponemos que representante de Monsanto en Bolivia a estas alturas- personaje que no pierde ocasión para tergiversar la verdad en beneficio de las multinacionales de la semilla y de los agroquímicos y en desmedro de la calidad de la alimentación de la población boliviana. El señor Rodríguez insiste una vez más en la “autorización del Gobierno central para el uso de la biotecnología en el agro porque serviría para prevenir las plagas que azotan la producción en Santa Cruz haciéndolas más fuertes ante cualquier insecto u hongo que pueda aparecer como ocurrió con el gusano cogollero el año pasado y lo que sucede hoy con las langostas.”

Esto ya no puede ser responsabilidad de una periodista distraída sino parte de la campaña de desinformación que Monsanto ha montado en Bolivia en alianza con la CAO el IBCE, los distribuidores de productos agroquímicos y con el apoyo de diferentes medios de comunicación para introducir el maíz transgénico en Bolivia.

Los daños generados por la tecnología transgénica en cultivos son impresionantes desde el punto de vista agronómico, social, económico, salud y ambiental.

Los únicos favorecidos son un puñado de empresarios agroindustriales y los vendedores de productos químicos que obtienen buenos ingresos en una economía de escala sin incluir las externalidades negativas en sus balances.

La plaga de las langostas ha sido ocasionada por el desequilibrio ambiental provocado por la deforestación y la agroindustria que con sus pesticidas tóxicos eliminan indiscriminadamente insectos considerados dañinos y otros benéficos para la agricultura tal como lo ha manifestado la Sociedad Boliviana de Entomología hace pocos días. (3)

Más grave aún serán las toneladas de insecticidas que se rociarán afectando gravemente los cultivos para la alimentación humana y animal, hortalizas, frutas y colmenas.(4)

Lamentamos mucho que algunos cotidianos se hagan eco de la campaña de desinformación que se ha ido generando desde IBCE desde un año a esta parte representando esto un grave perjuicio para el medioambiente y para la salud de los consumidores bolivianos.

Rodrigo Lampasona Soruco
Comunicaciones Plataforma Agroecológica

 

Notas

(1) http://www.lostiempos.com/actualidad/economia/20170215/langostas-se-quedaran-anos-pais-medidas-seran-solo-paliativas

(2) http://www.cera-gmc.org/

(3) http://www.agrojornada.com/index.php?sec=1&not=1031

(4) http://www.paginasiete.bo/economia/2017/2/16/fumigacion-langostas-arriesga-criaderos-abeja-127522.html

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Grupo ONU/OMS tiene conflicto de interés sobre riesgo de cáncer por glifosato

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El presidente del panel conjunto de NU sobre residuos de plaguicidas en alimentos es co director de un instituto de investigación que recibió una donación de Monsanto, industria que usa glifosato.
Glifosato es un ingrediente central del matamalezas Roundup hecho por Monsanto.
Artículo publicado en diario The Guardian.
Martes 17 Mayo 2016

foto de: Studioshots/Alamy Arthur Neslen

 

Un panel de Naciones Unidas que el Martes dijo que glifosato era probablemente no cancerígeno para seres humanos ahora ha quedado involucrado en una amarga disputa sobre potenciales conflictos de interés. Se supo que un instituto co dirigido por el presidente del panel conjunto de Naciones Unidas sobre residuos de plaguicidas en alimentos (JMPR) recibió una donación de una cifra de seis dígitos de Monsanto, que usa la sustancia como ingrediente central de su herbicida más vendido, el Roundup. El académico Alan Boobis que encabezó la reunión de la instancia conjunta sobre glifosato también trabaja como vicepresidente de ILSI, el Instituto Internacional Ciencia de la Vida de Europa. El vicepresidente de las sesiones fue el académico Angelo Moretto, miembro del directorio del instituto que presta Servicios Ambientales y de Salud de ILSI, y también de su grupo directivo Risk21, del cual Boobis es también vicepresidente.
En 2012, el grupo ILSI recibió una donación de $500.000 dólares (344.234 libras esterlinas) de Monsanto y otra donación de 528.500 dólres de Crop Life International, asociación gremial que representa a Monsanto, Dow, Syngenta y otros según los documentos obtenidos por la campaña Derecho a Saber en Estados Unidos. Alan Boobis dijo: “Mi rol en ILSI (y dos de sus ramas) es ser miembro del sector del público y presidente de su directorio de proyectos, puestos que no son remunerados. Los directorios de proyectos son responsables de supervisar las organizaciones y sus programas científicos! Pero las noticias generaron furiosa condena desde la bancada verde y las ONGs, intensificada por la liberación del reporte dos días antes de que en la Unión Europea se vote la reautorización de la licencia para el uso de glifosato, lo que tiene un valor de billones de dólares para la industria.
Vito Buonsante, abogado del grupo Client Earth dijo: “Hay un claro conflicto de interés aquí si la revisión de la seguridad del glifosato la desarrollan científicos que obtienen directamente dinero de la industria. Este estudio no puede de ningún modo ser considerado confiable cuando se decida la aprobación o no del glifosato. El parlamentario verde Bart Staes dijo: “La fecha en que se publica este reporte por el panel de residuos de FAO/OMS podría describirse como cínica, si no fuera porque es un intento política y abiertamente dirigido a ser un golpe de puño para influir en la decisión que tiene que tomar la Unión Europea esta semana sobre la aprobación de glifosato”. La OMS dijo que en su opinión, la fecha de publicación del informe fue una coincidencia y se decidió varios meses atrás.
El debate sobre glifosato, el herbicida más ampliamente usado en la historia de la humanidad se ha convertido en un hito en Bruselas, a casa de su uso extendido en los cultivos transgénicos que son resistentes al glifosato. Su uso ha estado ligado a informes que lo asocian con daño a la salud humana, la flora, a los insectos y los animales.
El debate sobre la buena fuente científica de ILSI también tiene una historia que data de tiempo atrás. En 2012, el parlamento europeo suspendió el funcionamiento de la autoridad sanitaria europea EFSA por seis meses por una cadena de denuncias de conflictos de interés que involucraba a miembros de ILSI que formaban parte de EFSA y de sus comités. La disputa concluyó con la renuncia del presidenta del comité de gestión de EFSA y la salida de Moretto como miembro del panel de plaguicidas de EFSA por no haber declarado sus vínculos con la industria y con ILSI. Boobis tenía un puesto como asesor en EFSA que no fue renovado en 2012. En ese momento ILSI se describió a sí misma como “un socio clave para la industria europea” pero ahora dice que es una organización sin fines de lucro guiada por preocupaciones ambientales y científicas y que no hace lobby ni tampoco recomendaciones de políticas públicas. Esta descripción del grupo la hizo el Dr. Philippe Verger, funcinario de la OMS y secrretario del panel de Naciones Unidas sobre glifosato. El dijo que ILSI podía ser denominado “un lugar de encuentro” para discusiones científicas. Verger declaró a The Guardian: “ILSI no es un ente independiente. Eso es muy claro. Las compañías privadas apoyan su estructura. Pero el objetivo de ILSI y de las empresas es crear un espacio de discusión e interacción entre los sectores público y privado. El foco de ILSI no es discutir temas de interés económico para la empresa privada. Es más bien un foro.”Respecto de conflicto+ de interés el panel de Naciones Unidas asegura que excluirá a expertos que tienen “formas de relación económica que pueden sabotear su neutralidad”. Greenpeace no se convenció sin embargo. Su directora de políticas públicas para la Unión Europea, Fransziska Achterberger señaló: “ Ni siquiera EFSA – que no es exactamente un niño de pecho cuando hablamos de imparcialidad – permite que haya científicos dependientes de ILSI en sus paneles de expertos.
Cualquier decisión que afecta a millones de personas debería basarse en la ciencia totalmente transparente e independiente, y no atada a los intereses de las corporaciones transnacionales”. Al igual que una evaluación de Efsa que también generó ira en los ambientalistas, la decisión del panel JMPR se tomó sobre la base de informes confidenciales de la industria no disponibles para el público. Un informe aparte emitido el año pasado por la Agencia Internacional del Cáncer IARC – agencia de la OMS para el cáncer – que sólo consideró estudios disponibles al público, concluyó que el glifosato era probablemente cancerígeno para seres humanos. Pero los directivos de OMS mantienen que no hay contradicción entre los dos estudios, destacando que IARC estaba identificando un riesgo potencial, mientras que la JMPR estaba cuantificando el riesgo asociado. Verger dijo: “Cada año evaluamos entre 10-30 sustancias, y puedo asegurarle que un montón de ellas son más peligrosas y potentes que el glifosato. Nos incomoda un poco que haya tanto interés en esta evaluación, (sólo) porque este plaguicida en particular se usa en los cultivos transgénicos.”
Traducción: Lucía Sepúlveda para RAP-AL y campaña Yo No Quiero Transgénicos en Chile

Nueva Evidencia Sobre los Peligros del Roundup de Monsanto

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Mayo 17 2016, 12:18 p.m.
John Sanders trabajó en los campos de naranja y pomelo en Redlands, California, por más de 30 años. Primero como un ayudante, luego como trabajador del predio, fue responsable de mantener las malezas controladas alrededor de los cítricos. Roundup, el herbicida de Monsanto, fue su arma, y lo roció en las plantas durante todo el año, todos los años, por medio de un atomizador manual. Frank Tanner, dueño de un negocio de paisajismo, también es de California y acostumbraba a usar Roundup. Tanner confió en el herbicida desde 1974, y entre el 2000 y el 2006 roció entre 50 a 70 galones al año, algunas veces desde una mochila, otras veces desde un tambor de 200 galones que arrastraba con un carro.Los dos hombres también tienen otras cosas en común: Luego de estar regularmente expuestos al Roundup, ambos desarrollaron linfoma de no Hodgkin, un cáncer a la sangre que comienza en las células linfáticas. Y, desde abril, ambos son participantes de una demanda contra Monsanto que marca un punto de quiebre en la dura batalla contra el químico agrícola más usado en la historia.
Hasta hace poco, la batalla contra el Roundup se había enfocado principalmente en su ingrediente activo, el glifosato. Pero la creciente evidencia, incluyendo un estudio publicado en febrero, muestra que no sólo el glifosato es peligroso, si no que también los químicos listados como “ingredientes inertes” de algunas formulaciones de Roundup y otros herbicidas en base a glifosato. Aunque han estado presentes en herbicidas- y en nuestro ambiente- por décadas, estos químicos han evadido el escrutinio científico y la regulación en gran parte porque las compañías que los fabrican han escondido su identidad bajo secreto comercial. Ahora, a medida que los científicos ambientales han empezado a dilucidar los misteriosos químicos que se venden junto al glifosato, la evidencia de que estos llamados ingredientes inertes son dañinos ha empezado a surgir en las cortes de USA. Además de Sanders y Tanner, al menos cuatro personas que han desarrollado linfoma de no Hodgkin luego de usar Roundup han demandado a Monsanto en los últimos meses, citando los peligros tanto del glifosato como de los co- formulantes que venden junto a él. Tal como lo declara la demanda de Tanner y Sanders: Monsanto “sabía o debió saber que el Roundup es más tóxico que el glifosato por sí solo y que se necesitaban estudios de seguridad del Roundup, de los auxiliares del Roundup y de los ingredientes “inertes””. Las investigaciones sobre estos químicos parecen haber jugado un rol en el abierto desacuerdo sobre la seguridad del glifosato que ha formado parte del escencario internacional en el último año. En marzo del 2015, usando investigaciones sobre el glifosato por sí solo y sobre las formulaciones completas del Roundup y otros herbicidas, la Agencia Internacional del Cáncer de la Asociación Mundial de la Salud (IARC) declaró que el glifosato es un probable cancerígeno humano. El informe de la IARC destaca una asociación entre el linfoma de no Hodgkin y el glifosato, evidencia significativa que el químico causa cáncer en animales de laboratorio, y fuerte evidencia que dañaba el ADN humano.
Mientras tanto, en noviembre, la European Food Safety Authority (EFSA) presentó un reporte concluyendo que el ingrediente activo del Roundup “es improbable que presente un riesgo cancerígeno para los humanos”. La discrepancia puede ser explicada por el hecho de que el reporte de EFSA incluyó sólo estudios que buscaban el efecto del glifosato por sí solo. Otra razón por la cual las agencias puedan diferir, de acuerdo a 94 expertos en salud ambiental de todo el mundo, es que la IARC consideró sólo estudios independientes, mientras que EFSA incluyó datos de estudios comisionados por la industria de estudios no publicados, los cuales fueron citados con ediciones al pie de página.
El viernes 29 de abril, la Environmental Protection Agency (EPA) se hizo parte- brevemente-, cuando posteó un esperado informe sobre el re- registro del glifosato, concluyendo que el herbicida ” es improbable que sea cancerígeno para los humanos”. Pero la agencia eliminó el informe y 13 documentos relacionados de su página web al siguiente lunes, argumentando que la publicación había sido un error. El Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología del Senado de USA está investigando el “aparente mal manejo” de la EPA sobre el informe del glifosato, y la EPA dijo que liberaría el material de re- registro para fines de año. E
n respuesta a cuestionamientos por parte de The Intercept, un vocero de la EPA escribió que “la seguridad de todos los ingredientes inertes son considerados” durante el proceso de registro de pesticidas, aunque un documento de 87 páginas, “Documento de Evaluación de Cáncer”, el cual estaba entre los documentos accidentalmente liberados, no contiene referencia alguna sobre investigaciones conducidas sobre los co- formulantes.
Nombrando las Toxinas
Algunos gobiernos europeos ya han empezado a tomar acciones en contra de estos co- ingredientes, un químico conocido como seboamina polietoxilado, o POEA, el cual es usado en las formulaciones de Roundup Classic y Roundup Original de Monsanto, entre otros herbicidas, para ayudar a penetrar la superficie cerosa de las plantas.Alemania eliminó todo herbicida que contenga POEA del mercado en 2014, luego de que un trabajador silvícola que estuvo expuesto a éste desarrolló inflamación tóxica de los pulmones.
A principios de abril, la Agencia Nacional de Salud y Seguridad de Francia, conocida como ANSES, tomó el primer paso hacia la prohibición de productos que combinen glifosato y POEA. Un borrador del informe de re- registro de la Comisión Europea sobre el glifosato propuso una prohibición del POEA. En abril, el Parlamento Europeo aprobó una resolución no vinculante que apoyaba la prohibición del POEA y también sugirió a los estados miembro que compilaran una lista de otros co- ingredientes a ser prohibidos de formulaciones para herbicidas.
El voto final de la Comisión Europea sobre el re- registro del glifosato se espera para fines de mes.En respuesta a cuestionamientos sobre el POEA, Charla Marie Lord, de Monsanto, refirió a The Intercept al posteo del blog del 8 de abril de la compañía, el cual destaca que Monsanto “ya se ha estado preparando para una transición gradual, alejándose de la seboamina hacia otros tipos de surfactantes, por razones comerciales.” El posteo también dice que “los productos en base a seboamina no presentan un riesgo inminente para la salud humana cuando son usados de acuerdo a las instrucciones.”Los científicos independientes han estado reportando desde al menos 1991 que los pesticidas que contienen glifosato junto a otros ingredientes eran más peligrosos que el glifosato por sí solo. Más recientemente, dos papers — uno publicado el 2002 y el otro en 2004 — mostraron que el Roundup y otras formulaciones que contenían glifosato eran más probables que causaran desregulación de los ciclos de las células, marca inequívoca de cáncer, que el glifosato por sí solo.
En 2005, investigadores demostraron que el Roundup era más dañino para los “hígados de las ratas que su “ingrediente activo” por sí solo”. Y un estudio del 2009 mostró que cuatro formulaciones de Roundup eran más tóxicas para las celulas humanas umbilicales, embriónicas y placentales que el glifosato por sí solo.Pero ya que sólo se requiere que los fabricantes de herbicidas declaren sólo las estructuras químicas de sus ingredientes “activos” — y pueden esconder la identidad del resto como información comercial confidencial —, por muchos años nadie sabía exactamente qué otros químicos contenían estos productos, mucho menos sus efectos a la salud.
Escapando a la Regulación
En 2012, Robin Mesnage decidió cambiar esto. Toxicólogo celular y molecular de Londres, Mesnage compró nueve herbicidas que contenian glifosato, incluyendo cinco formulaciones distintas del Roundup, e invirtió la ingeniería de algunos de sus otros componentes. Luego de estudiar los patrones de los químicos usando espectometría de masas, Mesnage y sus colegas produjeron una lista de posibles estructuras moleculares y luego las compararon con las muestras químicas disponibles.“Tomó alrededor de un año y tres personas (un especialista en toxicología de pesticidas, un especialista de mezclas químicas y un especialista en espectrometría de masas) para desenmarañar los secretos de las formulaciones del Roundup de Monsanto,” explica Mesnage en un email.
El duro trabajo dio frutos. En 2013, su equipo no solo fue capaz de deducir la estructura química de aditivos en seis de las nueve formulaciones, si no que también lograron demostrar que cada uno de estos supuestos ingredientes inertes eran más tóxicos que el glifosato por sí solo. Este descubrimiento ayudó a los científicos a saber exactamente qué químicos estudiar, aunque la obtebción de muestras continúa siendo un desafío. “Aún no hemos logrado que conduzcan experimentos,” dice Nicolas Defarge, biologo molecular con base en Paris. Los fabricantes de co- formulantes no están dispuestos a “venderte nada si no eres fabricante de pesticidas, y menos aún si eres un científico dispuesto a evaluar su toxicidad.”Entonces, cuando Defarge, Mesnage, y otros cinco cientificos se embarcaron en su más reciente investigación, tuvieron que ponerse creativos. Fueron capaces de comprar seis herbicidas, incluyendo el Roundup WeatherMax y el Roundup Classic, en una tienda. Pero, encontrar muestras puras de los co- formulantes fue mucho más intrincado. Los científicos obtuvieron una de un agricultor que mezclaba su propio herbicida, Para otro, fueron a una compañia que usa ese químico para hacer jabón. “Por supuesto que no sabian que iba a evaluar sus efectos de toxicidad de disrupción endocrina,” dijo Defarge.
András Székács, uno de los co- autores de Defarge con base en Hungria, proveyó muestras de otros tres co- formulantes estudiados, pero no respondió sobre cuestionamientos sobre cómo los obtuvo. En febrero, el equipo publicó sus conclusiones, las cuales mostraban que cada uno de los cinco co- formulantes afectaban la función de la mitocondria en células de placenta humana y aromatase, una enzima que afecta el desarrollo sexual. No sólo estos químicos- que no son nombrados en las etiquetas de los herbicidas- afectan funciones biológicas, si no que lo hicieron a niveles mucho más bajos de las concentraciones usadas en productos comercialmente disponibles.
De hecho, el POEA — oficialmente un ingrediente “inerte” — era entre 1.200 y 2.000 veces más toxico para las células que el glifosato, oficialmente, el ingrediente “activo”.El paper destaca la locura de permitir que los co- formulantes vuelen por debajo del radar regulatorio. Aunque el público en general nunca es expuesto a glifosato puro, las agencias gubernamentales declaran niveles declarados de exposición segura para el ingrediente activo del Roundup y otros herbicidas sin considerar al POEA o cualquiera de los otros químicos que son embotellados junto a éste.
En febrero, la Food and Drug Administration (FDA) anunció planespara monitorear los alimentos para residuos de glifosato. Pero la agencia no tiene plan alguno para monitorear el POEA u otros aditivos en los alimentos, de acuerdo a la agente de prensa de la FDA, Lauren Sucher. Y la EPA no se ha enfocado lo suficiente en el POEA porque no es oficialmente un ingrediente activo.
Evidencia de Toxicidad
Pero la EPA ha poseido evidencia de la toxicidad del POEA por años, incluyendo varios informes de riesgo sustancial a la salud humana y al ambiente. Uno, presentado en 1998, destaca que 1.000 peces murieron luego de que 60 galones de una mezcla de químicos, incluyendo POEA, fueran derramados en una zanja, de acuerdo a la compañía responsable del vertimiento, cuyo nobre es editado en el documento. Otro informe, proporcionado por la compañía química BASF en 2013, notó que varias ratas que inhalaron POEA en un experimento, murieron. Los investigadores expusieron a las ratas a cuatro niveles diferentes del químico, y, en cada nivel, al menos algunos animales murieron. Incluso al nivel más bajo, 4 de las 10 ratas murieron.
La EPA también ha revisado los efectos ambientales a largo plazo del POEA, incluyendo su impacto en sapos. En 2008, la agencia revisó los efectos tanto de formulaciones de Roundup que contengan POEA y el POEA por sí solo en anfibios y peces, y mostró que el Roundup Original, el cual contiene 15% POEA, es moderadamente tóxico para la rana de la madera y que el POEA en sí mismo es “altamente tóxico” para la trucha arcoiris.
Mientras se construye una fuerte evidencia en contra de los daños ocasionados por los co- formulantes, USA ha incrementado la cantidad de exposición al glifosato el cual, en teoría, es segura su exposición, lo que ha causado un incremento en nuestra actual exposición a químicos con los cuales se les relaciona.
Casi 300 millones de libras de glifosato fue usado en las cosechas de USA en 2013, incremento importante desde 1992 (16 millones de libras), de acuerdo a la U.S. Geological Survey.
Para los abogados litigantes en los casos en contra de Monsanto, la idea de que el POEA y otros ingredientes contribuyan a la toxicidad del Roundup es crítica. “Esa es una de las teorías centrales de nuestro caso,” dijo David Wool, abogado de Andrus Wagstaff, el cual está trabajando en demandas en contra de Monsanto de parte de cuatro personas que desarrollaron linfoma de no Hodgkin luego de años de uso regular de Roundup.
“No es sólo que el glifosato es cancerígeno y peligroso” dijo Wool. “Monsanto tenía todas las razones para saberlo, y, al incluir POEA, incrementó el peligro de todos estos productos.”Robin Greenwald, el abogado de Weitz & Luxenberg que lleva el caso de Sanders y Tanner, confia en que el descubrimiento, litigio el cual empieza en unos meses más, mostrará que Monsanto intencionalmente etiquetó mal los peligrosos co- formulantes. “Mi suposición es que encontraremos documentos en sus registros que muestran que tenían amplia evidencia que los surfactantes no eran inertes y que también poseian el potencial de dañar y ocasionar enfermedades en las personas,” dijo Greenwald.Pero para su cliente, John Sanders, el cual ahora está en remisión luego de ser tratado con quimioterapia, realmente no importa qué químico hizo qué. Cuando estaba usando Roundup, Sanders no tenía idea que algo en el líquido que usaba, y que ocasionalmente goteaba en sus ropas y piel, podría causar cáncer. “Ni en mis más temerarios sueños, ” dijo recientemente.
Ahora, Sanders, de 67 años, sueña con mantenerse sano. Espera su tomografía el próximo mes para ver si su cáncer ha vuelto. Al pedirle que comentara sobre las demandas, Monsanto declaró lo siguiente: Mientras que simpatizamos con los demandantes, la ciencia simplemente no apoya la declaración hecha en estas demandas, La EPA de USA y otros reguladores de pesticidas alrededor del mundo han revisado numerosos estudios cancerígenos de largo plazo y están de acuerdo en que no hay evidencia de que el glifosato cause cáncer, incluso a dosis muy altas.
Los surfactantes tales como la seboamina son sustancias jabonosas que ayudan a reducir la tensión superficial del agua y se encuentran en muchos productos de uso cotidiano como pasta de dientes, desodorante, shampoo, detergentes y muchos otros productos de limpieza. Los productos con base a seboamina no representan un riesgo inminente para la salud humana cuando son usados de acuerdo a las instrucciones. En una revisión de datos toxicológicos del 2009 sobre la seboamina, la EPA de USA no encontró evidencia alguna de que la seboamina sea neurotóxica, mutagénica o clastogénica.
Traducción: Ignacia Guzmán Zuloaga

No, la “ciencia” no ha confirmado que los OGMs sean seguros para consumo

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Un biotecnólogo dice que los medios están mal interpretando el informe de la National Academy of Sciences cuando se trata de la seguridad de los OGMs.
Esta semana, el diario español El País publicó un artículo llamado “La Ciencia Confirma que los OGMs son tan Seguros como otros Alimentos”, comentando sobre el último informe de la National Academy of Sciences (NAS), titulado “Cosechas GE: Experiencias y Prospectos”. Sin embargo, el informe pinta un panorama muy distinto del informado por los encabezados.
Primero, y más importante, la NAS no posee una visión “paraguas” sobre la seguridad de los OGMs. Junto a muchos otros cuerpos internacionales, reconoce que tal visión es insostenible, dado que el proceso de los OGMs puede dar paso a distintos e impredecibles efectos para tal caso. El comité destaca que ha recibido “requerimientos exaltados” para dar al público una respuesta simple, general y autoritaria sobre las cosechas GM, pero dada la complejidad de los temas de ingeniería genética, no lo ven como apropiado. En un documento de 400 páginas, el comité desarrolla una visión sobre este tema. Esta visión es, sin duda, más favorable al uso de OGMs en la agricultura que la de la mayoría de los grupos ambientales – pero también es mucho más conservadora que la visión de muchos promotores de los OGMs (incluyendo El País). Lejos de declarar que la “ciencia ha confirmado que los OGMs son seguros para consumo”, el informe puede ser resumido más acertadamente como declarando, “Hay mucho que no sabemos, lo que no es sorpresa porque nadie está investigando.”
Para juzgar por la metodología descrita en el documento, el comité ha sido respetuoso de las distintas visiones sobre este complejo tema, y ha hecho un esfuerzo para evitar distintos tipos de parcialidad. Sin embargo, una parcialidad importante permanece, la que emerge de la relación de varios de sus miembros con importantes compañías de biotecnología y sus organizaciones asociadas, Por ejemplo, la directora del estudio, Kara Laney, solía trabajar para el International Food & Agricultural Trade Policy Council (financiado por Monsanto). Food & Water Watch ha documentado los vínculos de al menos doce de los veintidós miembros del comité con compañías biotecnológicas mundiales, u organizaciones financiadas por ellas.[1]

Sandwich

El nuevo informe de la NAS, como otros informes anteriores de la misma organización, posee una notable estructura “sandwich”: varios capítulos describen los riesgos y problemas percibidos, las limitaciones de los estudios conducidos hasta el momento, y las causas de preocupación, entre los capítulos inicial y final, que muestran una visión mucho más favorable. Son estos capítulos, incial y final, sin los matices intermedios, los que han sido minados por los principales medios o agencias de relaciones públicas.[2]
Este efecto ya se ha destacado en el informe de NAS de 1989, el cual también fue usado para justificar un consenso científico sobre la seguridad de los OGMs, a pesar que limitó su revisión a cosechas y microorganismos experimentales en USA continental (sin incluir a Hawaii o a Puerto Rico). Además, este informe sólo considera los efectos ambientales potenciales, ya que no se habían hecho estudios sobre potenciales efectos a la salud. Pero estos factores no incidieron para que numerosas fuentes amplificaran el informe a todas las posibles aplicaciones de la ingeniería genética que, aparentemente, desde esa fecha han sido bendecidos por la “ciencia” como “seguros”.[3]
Esta amplificación inicial en donde existe consenso científico ha estado ocurriendo desde la primera aplicación de la ingeniería genética. Por ejemplo, en la década de los 70s y 80s, los defensores de la tecnología declaraban de forma repetida que había un consenso de expertos sobre la seguridad de los OGMs, a pesar de que no había evidencia que demostrara su seguridad, y muchos científicos declaraban a viva voz sus preocupaciones.[4] Esta declaración sobre el supuesto consenso científico respecto a la seguridad de los OGMs continúa hasta ahora, aunque es descaradamente falsa. Un documento firmado por cientos de científicos de todo el mundo muestra que dicho consenso científico no existe.[5]
La falta de estudios pre-comercialización que limitarían los efectos impredecibles de la ingeniería genética ha sido tan severa que la primera autorización para cultivo a campo abierto de un maíz GM, en 1980, fue dada años antes de la producción de la primera planta de maíz GM – para qué hablar de la etapa experimental.[6] Al comienzo de esta tecnología, muchos de sus defensores declararon que los OGMs no podían dañar el ambiente dado que su ingeniería genética perjudicaría a los organismos transformados y los inutilizaría para sobrevivir en estado silvestre.[7] Algunos incluso declararon que las cosechas GM no serían capaces de polinizarse cruzadamente[8] o que cualquier virus o microorganismo GM era seguro si su línea parental era segura. Como aún pasa hoy en día, muchas de estas declaraciones fueron hechas sin estudio alguno que las respaldaran – y se ha demostrado, con el tiempo, que son falsas.

NAS reconoce la falta de consenso sobre la seguridad de los OGMs

El informe de la NAS reconoce y aborda la falta de consenso sobre a seguridad de los OGMs y la posibilidad de cambios inesperados a raíz de el proceso de ingeniería genética. Tal como en su último informe, destacan que también pueden emerger efectos inesperados de otras técnicas consideradas dentro de la cría convencional, como la cría de mutación por radiación o inducida químicamente (también llamada mutagénesis).
Esta técnica ha sido usada desde mediados del siglo XX, y ha sido utilizada para generar nuevas variedades elite de cosechas desde la Revolución Verde. Sus posibles efectos adversos no han sido estudiados. Al redactar la Directiva 2001/18 para regular los OGMs, la UE determinó que los organismos desarrollados a través de mutagénesis eran considerados OGMs, pero que no era necesario etiquetarlos o testearlos dada su historia de uso seguro. Los cuestionamientos sobre si esta decisión fue la correcta, sobre si 50 años comprendía el uso seguro, y sobre si era posible evaluar los posibles efectos de estas cosechas luego de este periodo, están fuera del alcance de este artículo.[9]
En cualquier caso, el informe del 2004 de NAS describe cómo la mutagénesis y diferentes técnicas usadas en ingeniería genética han dado espacio a cambios involuntarios a través del genoma en niveles mucho más altos que técnicas de cultivo “clásicas”. Entonces, es confuso que algunas declaraciones del informe de NAS traten a todas las técnicas de crianza convencionales (incluyendo la mutagénesis, la cual la UE considera como ingeniería genética) como lo mismo, ya que de acuerdo al informe de NAS del 2004, hay una gran diferencia entre mutagénesis y otras técnicas de crianza convencionales.
El informe describe dos fuentes de diferencias involuntarias relacionadas con la ingeniería genética que podrían afectar la seguridad alimentaria:
1. Efectos involuntarios de los cambios genéticos dirigidos en otras características de los alimentos (por ejemplo, la presencia involuntaria o el incremento de un componente en células de la planta podrían resultar en cambios en el metabolismo de la planta que afectan la abundancia de otros componentes).
2. Efectos involuntarios asociados con el proceso de ingeniería genética (por ejemplo, cambios del ADN resultado del cultivo en el tejido de la planta).
Esto significa que los rasgos introducidos podrían tener efectos distintos que los deseados, y también que los procesos de transformación y cultivo de tejidos puedan dar inicio a cambios en otras áreas del genoma.[10] Al referirse a los cambios derivados del cultivo de tejidos, el informe habla de cambios tanto genéticos como epigenéticos. Como hace algunos años atrás no podríamos haber pensado en detectar cambios epigenéticos (e incluso hoy sabemos sorpresivamente poco sobre epigenética, de acuerdo a los investigadores involucrados[11]), es posible que pueda existir todo un nuevo nivel de regulación genética que aún no hayamos descubierto. Claramente, no podemos medir los posibles impactos con tecnologías actuales.

Los métodos de evaluación de seguridad actuales no son los adecuados

Ya que estos efectos pueden ocurrir al usar estas técnicas, la siguiente pregunta lógica sería si nuestros métodos de detección y evasión son lo suficientemente buenos. La idea de que los alimentos GM son analizados de forma muy estricta y comprensiva ha sido ampliamente promocionada. Sin embargo, el informe destaca que las evaluaciones actuales poseen deficiencias. Los ejemplos dados incluyen:
• En una discusión sobre la evaluación de una cosecha Bt, el informe dice que no es la EPA de USA la que lleva a cabo los ensayos (un cuerpo público); son hechos por la misma compañía, la cual envía sus resultados a la EPA. Lo mismo pasa en la UE con la European Food Safety Authority (EFSA). Datos duros de estos estudios no son publicados o disponibles para la comunidad científica o al público en general. De hecho, el comité destaca que tampoco tuvo acceso a estos datos, los cuales son protegidos bajo acuerdos comerciales de confidencialidad. En otras palabras, si se encuentra un efecto adverso en una prueba de pre-comercialización, la misma compañía que pretende comercializar el producto tendría que detectar el efecto y notificar al cuerpo público. Esto no tiene sentido desde un punto de vista comercial. Lo más lógico, si se encuentra un efecto adverso en ensayos de pre-comercialización, sería que la compañía no tomara en cuenta esta aplicación, para que nunca sepamos sobre ella. O, si en efecto es sutil y no fuera detectado por los métodos usados (o escogidos), el producto pasaría la prueba de evaluación y entraría en la cadena de alimentos.
• Protocolos internacionalmente aceptados usan muestras pequeñas con poder estadístico limitado, lo cual no detectaría las diferencias entre los tratamientos, o se encontrarían diferencias estadísticamente significativas , las cuales no serían consideradas como biológicamente relevantes.
• Los datos obtenidos al estudiar ganado por periodos largos de tiempo, incluso si no se encontraran efectos adversos, no pueden ser extrapolados a efectos crónicos en humanos, debido a, entre otras cosas, la temprana edad en que se mata a estos animales.
• Respecto a la evaluación a priori de los cambios en los niveles “conocidos” de sustancias tóxicas: Las propiedades tóxicas de algunos componentes de las plantas son entendidos, pero no han sido estudiados.
• La detección de alergias a nuevas proteínas (producidas por la introducción de un gen o por un gen diferente que ha sido alterado como resultado de la transformación GM y/o el proceso de cultivo de tejidos) no puede ser garantizada con los métodos actuales; se necesitarían estudios de post-comercialización.
• Los estudios que han sido conducidos han encontrado diferencias entre animales alimentados con GM vs animales alimentados con no GM; estas diferencias eran estadísticamente significativas (i.e. no fueron causadas por el azar, si no por el tratamiento), pero no fueron consideradas como biológicamente relevantes. Sin embargo, lo considerado “biológicamente relevante” no se define de antemano, y el poder estadístico de los estudios no es calculado. Las diferencias encontradas podrían significar que existían efectos adversos pero la metodología no fue capaz de detectarlos. Entonces, el informe tiene razón cuando dice que incluso cuando no se han encontrado efectos adversos, no signifique que no existen – un punto ignorado por muchos encabezados de los medios sobre el informe. De hecho, un estudio de alimentación fue conducido con un tipo de arroz en el que un gen fue introducido para producir una toxina conocida (como control positivo), y no se encontraron efectos adversos. Debido a esto, el informe nota la necesidad de conducir más estudios con una metodología corregida: los estudios hechos hasta el momento que no muestran efectos adversos no pueden ofrecer datos concluyentes respecto a su seguridad.
• Los datos y estudios actualmente disponibles no pueden ser usados para sacar conclusiones sobre posibles efectos a largo plazo en la salud humana. Sin embargo, y dadas las preocupaciones percibidas de las personas entrevistadas, el comité no hace esfuerzo alguno en usar los datos disponibles (los cuales, destacan, son insuficientes y no pueden ser usados para sacar datos concluyentes) para detectar posibles cambios en la incidencia de distintas enfermedades crónicas. Sin embargo, como destaca el comité, es un acercamiento muy magro al momento de detectar dichos problemas. Para detectarlos con confianza, se necesitarían estudios de post-comercialización, los que controlan un gran número de variables para que la única diferencia entre los grupos fuera el consumo y el no consumo de alimentos GM (o un alimento GM en particular).
Muchos de estos comentarios, y especialmente el último, nos lleva a lo que pueden ser los puntos clave del desacuerdo: las metodologías actuales no son apropiadas para garantizar la seguridad (por “garantizar” me refiero en un nivel similar de garantía al que tenemos con los alimentos obtenidos a través de técnicas con una alta probabilidad de generar efectos involuntarios, de acuerdo a la escala en el informe de NAS del 2004). Pero garantizar este nivel de seguridad con la nueva técnica sería algo muy costoso y casi imposible. En muchos puntos, el informe habla de “riesgos aceptables”. Pero quién decide qué nivel de riesgo sería aceptado por la población? Es necesariamente una decisión científica? La decisión, lógicamente, debe ser respaldada por datos científicos, entre otras cosas, pero eso no significa que todo el proceso de toma de decisiones debe ser conferido sólo a esta área.

¿Negocios como siempre?

La posición del informe, y donde se desvía de la visión de muchos ambientalistas, es que cuando se ve enfrentado con esta situación, lo mejor que podemos hacer es continuar comercializando estos alimentos como lo hemos hecho hasta ahora, quizás con medios técnicos adicionales para detectar posibles efectos adversos, esperando que cualquier producto que pueda presentar efectos adversos en el futuro pueda ser sacado del mercado.
Esta compensación de riesgo de precaución ha sido la tónica con respecto a pesticidas y químicos sintéticos. El siglo viente muestra varios casos de productos y tecnologías en que los científicos no han detectado efectos adversos (algunas veces de forma honesta, otras no), y que se pensaba eran completamente seguros- hasta que no lo fueron. Con los OGMs, esta compensación nos ha llevado a situaciones como la proliferación de malezas resistentes al glifosato descritas en el informe, o casos de propagación transgénica en la naturaleza, algo que se declaró que nunca pasaría. Esta misma compensación también resultó en nuestro fracaso en reconocer el cambio climático global hasta que fue demasiado tarde.
Una visión alternativa sería una que limitara las técnicas GM a áreas confinadas (con niveles efectivos de confinación, control e información), donde la investigación científica nos llevara al escenario en donde sepamos lo suficiente sobre los sistemas vivos para que los efectos “impredecibles e inesperados” no sucedan. En estas áreas confinadas, las consecuencias del uso de OGMs, buenas y malas, afectarían sólo a aquellos que tomaran la decisión de usarlas (el equivalente a un paciente dispuesto a usar insulina producida por un organismo recombinante). Mientras tanto, hay suficientes alternativas agrícolas para avanzar y hacerle frente a los desafíos venideros sin la necesidad de agregar al trabajo la perpetua continuidad de “apagar incendios”.

Notas (inglés)

1. Más información y referencias en Food & Water Watch, “Bajo la Influencia: El Consejo Nacional de Investigación y los OGMs”. Mayo 2016. Disponible en : http://www.foodandwaterwatch.org/sites/default/files/ib_1605_nrcinfluence-final-web_0.pdf
2. Esta práctica del “sandwich” fue destacada por el biólogo Philip Regal, quien ha observado y comentado intensivamente sobre los problemas de la NAS/NRC. Ver: Steven M. Druker, Altered Genes, Twisted Truth: How the Venture to Genetically Engineer Our Food Has Subverted Science, Corrupted Government, and Systematically Deceived the Public (Salt Lake City: Clear River Press, 2015), 56.
3. Este fenómeno también fue notado por Philip Regal. Ver Altered Genes, Twisted Truth (citado más arriba), 56.
4. Ver Altered Genes, Twisted Truth, Capítulos 1 y 2.
5. Hilbeck A et al., “No scientific consensus on GMO safety”. Environmental Sciences Europe 27. 2015.http://www.enveurope.com/content/27/1/4/abstract
6. Ver Altered Genes, Twisted Truth, 39-40.
7. Ver Altered Genes, Twisted Truth, 41-42.
8. Para la declaración de polinización cruzada, ver, por ejemplo: http://ngin.tripod.com/020802b.htm.
11. Ledford, Heidi. Epigenetics: The genome unwrapped. Nature 528, S12–S13. Dsiponible en:http://www.nature.com/nature/journal/v528/n7580_supp/full/528S12a.html
* El autor es un biotecnólogo colaborador de la web Observatorio OMG (http://www.observatorio-omg.org/). El nombre del autor está protegido. Editado por Claire Robinson, GMWatch.

 

Marcha contra Monsanto en Santa Cruz de la Sierra

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Este sábado 23 de mayo de 2015 frente a la Catedral de la ciudad de Santa Cruz – Bolivia se reunieron organizaciones sociales, consumidores, chefs, estudiantes y activistas para manifestarse en contra de Monsanto, los transgénicos, los agrotóxicos y la privatización de las semillas proponiendo en cambio un enfoque agroecológico de la producción de alimentos a favor de la seguridad y soberanía alimentaria, con respeto por el medio ambiente y la salud de agricultores y consumidores.

Ver Video marcha Mundial contra Monsanto: https://youtu.be/NkwMZ_K3p9M