OGMs

No, la “ciencia” no ha confirmado que los OGMs sean seguros para consumo

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Un biotecnólogo dice que los medios están mal interpretando el informe de la National Academy of Sciences cuando se trata de la seguridad de los OGMs.
Esta semana, el diario español El País publicó un artículo llamado “La Ciencia Confirma que los OGMs son tan Seguros como otros Alimentos”, comentando sobre el último informe de la National Academy of Sciences (NAS), titulado “Cosechas GE: Experiencias y Prospectos”. Sin embargo, el informe pinta un panorama muy distinto del informado por los encabezados.
Primero, y más importante, la NAS no posee una visión “paraguas” sobre la seguridad de los OGMs. Junto a muchos otros cuerpos internacionales, reconoce que tal visión es insostenible, dado que el proceso de los OGMs puede dar paso a distintos e impredecibles efectos para tal caso. El comité destaca que ha recibido “requerimientos exaltados” para dar al público una respuesta simple, general y autoritaria sobre las cosechas GM, pero dada la complejidad de los temas de ingeniería genética, no lo ven como apropiado. En un documento de 400 páginas, el comité desarrolla una visión sobre este tema. Esta visión es, sin duda, más favorable al uso de OGMs en la agricultura que la de la mayoría de los grupos ambientales – pero también es mucho más conservadora que la visión de muchos promotores de los OGMs (incluyendo El País). Lejos de declarar que la “ciencia ha confirmado que los OGMs son seguros para consumo”, el informe puede ser resumido más acertadamente como declarando, “Hay mucho que no sabemos, lo que no es sorpresa porque nadie está investigando.”
Para juzgar por la metodología descrita en el documento, el comité ha sido respetuoso de las distintas visiones sobre este complejo tema, y ha hecho un esfuerzo para evitar distintos tipos de parcialidad. Sin embargo, una parcialidad importante permanece, la que emerge de la relación de varios de sus miembros con importantes compañías de biotecnología y sus organizaciones asociadas, Por ejemplo, la directora del estudio, Kara Laney, solía trabajar para el International Food & Agricultural Trade Policy Council (financiado por Monsanto). Food & Water Watch ha documentado los vínculos de al menos doce de los veintidós miembros del comité con compañías biotecnológicas mundiales, u organizaciones financiadas por ellas.[1]

Sandwich

El nuevo informe de la NAS, como otros informes anteriores de la misma organización, posee una notable estructura “sandwich”: varios capítulos describen los riesgos y problemas percibidos, las limitaciones de los estudios conducidos hasta el momento, y las causas de preocupación, entre los capítulos inicial y final, que muestran una visión mucho más favorable. Son estos capítulos, incial y final, sin los matices intermedios, los que han sido minados por los principales medios o agencias de relaciones públicas.[2]
Este efecto ya se ha destacado en el informe de NAS de 1989, el cual también fue usado para justificar un consenso científico sobre la seguridad de los OGMs, a pesar que limitó su revisión a cosechas y microorganismos experimentales en USA continental (sin incluir a Hawaii o a Puerto Rico). Además, este informe sólo considera los efectos ambientales potenciales, ya que no se habían hecho estudios sobre potenciales efectos a la salud. Pero estos factores no incidieron para que numerosas fuentes amplificaran el informe a todas las posibles aplicaciones de la ingeniería genética que, aparentemente, desde esa fecha han sido bendecidos por la “ciencia” como “seguros”.[3]
Esta amplificación inicial en donde existe consenso científico ha estado ocurriendo desde la primera aplicación de la ingeniería genética. Por ejemplo, en la década de los 70s y 80s, los defensores de la tecnología declaraban de forma repetida que había un consenso de expertos sobre la seguridad de los OGMs, a pesar de que no había evidencia que demostrara su seguridad, y muchos científicos declaraban a viva voz sus preocupaciones.[4] Esta declaración sobre el supuesto consenso científico respecto a la seguridad de los OGMs continúa hasta ahora, aunque es descaradamente falsa. Un documento firmado por cientos de científicos de todo el mundo muestra que dicho consenso científico no existe.[5]
La falta de estudios pre-comercialización que limitarían los efectos impredecibles de la ingeniería genética ha sido tan severa que la primera autorización para cultivo a campo abierto de un maíz GM, en 1980, fue dada años antes de la producción de la primera planta de maíz GM – para qué hablar de la etapa experimental.[6] Al comienzo de esta tecnología, muchos de sus defensores declararon que los OGMs no podían dañar el ambiente dado que su ingeniería genética perjudicaría a los organismos transformados y los inutilizaría para sobrevivir en estado silvestre.[7] Algunos incluso declararon que las cosechas GM no serían capaces de polinizarse cruzadamente[8] o que cualquier virus o microorganismo GM era seguro si su línea parental era segura. Como aún pasa hoy en día, muchas de estas declaraciones fueron hechas sin estudio alguno que las respaldaran – y se ha demostrado, con el tiempo, que son falsas.

NAS reconoce la falta de consenso sobre la seguridad de los OGMs

El informe de la NAS reconoce y aborda la falta de consenso sobre a seguridad de los OGMs y la posibilidad de cambios inesperados a raíz de el proceso de ingeniería genética. Tal como en su último informe, destacan que también pueden emerger efectos inesperados de otras técnicas consideradas dentro de la cría convencional, como la cría de mutación por radiación o inducida químicamente (también llamada mutagénesis).
Esta técnica ha sido usada desde mediados del siglo XX, y ha sido utilizada para generar nuevas variedades elite de cosechas desde la Revolución Verde. Sus posibles efectos adversos no han sido estudiados. Al redactar la Directiva 2001/18 para regular los OGMs, la UE determinó que los organismos desarrollados a través de mutagénesis eran considerados OGMs, pero que no era necesario etiquetarlos o testearlos dada su historia de uso seguro. Los cuestionamientos sobre si esta decisión fue la correcta, sobre si 50 años comprendía el uso seguro, y sobre si era posible evaluar los posibles efectos de estas cosechas luego de este periodo, están fuera del alcance de este artículo.[9]
En cualquier caso, el informe del 2004 de NAS describe cómo la mutagénesis y diferentes técnicas usadas en ingeniería genética han dado espacio a cambios involuntarios a través del genoma en niveles mucho más altos que técnicas de cultivo “clásicas”. Entonces, es confuso que algunas declaraciones del informe de NAS traten a todas las técnicas de crianza convencionales (incluyendo la mutagénesis, la cual la UE considera como ingeniería genética) como lo mismo, ya que de acuerdo al informe de NAS del 2004, hay una gran diferencia entre mutagénesis y otras técnicas de crianza convencionales.
El informe describe dos fuentes de diferencias involuntarias relacionadas con la ingeniería genética que podrían afectar la seguridad alimentaria:
1. Efectos involuntarios de los cambios genéticos dirigidos en otras características de los alimentos (por ejemplo, la presencia involuntaria o el incremento de un componente en células de la planta podrían resultar en cambios en el metabolismo de la planta que afectan la abundancia de otros componentes).
2. Efectos involuntarios asociados con el proceso de ingeniería genética (por ejemplo, cambios del ADN resultado del cultivo en el tejido de la planta).
Esto significa que los rasgos introducidos podrían tener efectos distintos que los deseados, y también que los procesos de transformación y cultivo de tejidos puedan dar inicio a cambios en otras áreas del genoma.[10] Al referirse a los cambios derivados del cultivo de tejidos, el informe habla de cambios tanto genéticos como epigenéticos. Como hace algunos años atrás no podríamos haber pensado en detectar cambios epigenéticos (e incluso hoy sabemos sorpresivamente poco sobre epigenética, de acuerdo a los investigadores involucrados[11]), es posible que pueda existir todo un nuevo nivel de regulación genética que aún no hayamos descubierto. Claramente, no podemos medir los posibles impactos con tecnologías actuales.

Los métodos de evaluación de seguridad actuales no son los adecuados

Ya que estos efectos pueden ocurrir al usar estas técnicas, la siguiente pregunta lógica sería si nuestros métodos de detección y evasión son lo suficientemente buenos. La idea de que los alimentos GM son analizados de forma muy estricta y comprensiva ha sido ampliamente promocionada. Sin embargo, el informe destaca que las evaluaciones actuales poseen deficiencias. Los ejemplos dados incluyen:
• En una discusión sobre la evaluación de una cosecha Bt, el informe dice que no es la EPA de USA la que lleva a cabo los ensayos (un cuerpo público); son hechos por la misma compañía, la cual envía sus resultados a la EPA. Lo mismo pasa en la UE con la European Food Safety Authority (EFSA). Datos duros de estos estudios no son publicados o disponibles para la comunidad científica o al público en general. De hecho, el comité destaca que tampoco tuvo acceso a estos datos, los cuales son protegidos bajo acuerdos comerciales de confidencialidad. En otras palabras, si se encuentra un efecto adverso en una prueba de pre-comercialización, la misma compañía que pretende comercializar el producto tendría que detectar el efecto y notificar al cuerpo público. Esto no tiene sentido desde un punto de vista comercial. Lo más lógico, si se encuentra un efecto adverso en ensayos de pre-comercialización, sería que la compañía no tomara en cuenta esta aplicación, para que nunca sepamos sobre ella. O, si en efecto es sutil y no fuera detectado por los métodos usados (o escogidos), el producto pasaría la prueba de evaluación y entraría en la cadena de alimentos.
• Protocolos internacionalmente aceptados usan muestras pequeñas con poder estadístico limitado, lo cual no detectaría las diferencias entre los tratamientos, o se encontrarían diferencias estadísticamente significativas , las cuales no serían consideradas como biológicamente relevantes.
• Los datos obtenidos al estudiar ganado por periodos largos de tiempo, incluso si no se encontraran efectos adversos, no pueden ser extrapolados a efectos crónicos en humanos, debido a, entre otras cosas, la temprana edad en que se mata a estos animales.
• Respecto a la evaluación a priori de los cambios en los niveles “conocidos” de sustancias tóxicas: Las propiedades tóxicas de algunos componentes de las plantas son entendidos, pero no han sido estudiados.
• La detección de alergias a nuevas proteínas (producidas por la introducción de un gen o por un gen diferente que ha sido alterado como resultado de la transformación GM y/o el proceso de cultivo de tejidos) no puede ser garantizada con los métodos actuales; se necesitarían estudios de post-comercialización.
• Los estudios que han sido conducidos han encontrado diferencias entre animales alimentados con GM vs animales alimentados con no GM; estas diferencias eran estadísticamente significativas (i.e. no fueron causadas por el azar, si no por el tratamiento), pero no fueron consideradas como biológicamente relevantes. Sin embargo, lo considerado “biológicamente relevante” no se define de antemano, y el poder estadístico de los estudios no es calculado. Las diferencias encontradas podrían significar que existían efectos adversos pero la metodología no fue capaz de detectarlos. Entonces, el informe tiene razón cuando dice que incluso cuando no se han encontrado efectos adversos, no signifique que no existen – un punto ignorado por muchos encabezados de los medios sobre el informe. De hecho, un estudio de alimentación fue conducido con un tipo de arroz en el que un gen fue introducido para producir una toxina conocida (como control positivo), y no se encontraron efectos adversos. Debido a esto, el informe nota la necesidad de conducir más estudios con una metodología corregida: los estudios hechos hasta el momento que no muestran efectos adversos no pueden ofrecer datos concluyentes respecto a su seguridad.
• Los datos y estudios actualmente disponibles no pueden ser usados para sacar conclusiones sobre posibles efectos a largo plazo en la salud humana. Sin embargo, y dadas las preocupaciones percibidas de las personas entrevistadas, el comité no hace esfuerzo alguno en usar los datos disponibles (los cuales, destacan, son insuficientes y no pueden ser usados para sacar datos concluyentes) para detectar posibles cambios en la incidencia de distintas enfermedades crónicas. Sin embargo, como destaca el comité, es un acercamiento muy magro al momento de detectar dichos problemas. Para detectarlos con confianza, se necesitarían estudios de post-comercialización, los que controlan un gran número de variables para que la única diferencia entre los grupos fuera el consumo y el no consumo de alimentos GM (o un alimento GM en particular).
Muchos de estos comentarios, y especialmente el último, nos lleva a lo que pueden ser los puntos clave del desacuerdo: las metodologías actuales no son apropiadas para garantizar la seguridad (por “garantizar” me refiero en un nivel similar de garantía al que tenemos con los alimentos obtenidos a través de técnicas con una alta probabilidad de generar efectos involuntarios, de acuerdo a la escala en el informe de NAS del 2004). Pero garantizar este nivel de seguridad con la nueva técnica sería algo muy costoso y casi imposible. En muchos puntos, el informe habla de “riesgos aceptables”. Pero quién decide qué nivel de riesgo sería aceptado por la población? Es necesariamente una decisión científica? La decisión, lógicamente, debe ser respaldada por datos científicos, entre otras cosas, pero eso no significa que todo el proceso de toma de decisiones debe ser conferido sólo a esta área.

¿Negocios como siempre?

La posición del informe, y donde se desvía de la visión de muchos ambientalistas, es que cuando se ve enfrentado con esta situación, lo mejor que podemos hacer es continuar comercializando estos alimentos como lo hemos hecho hasta ahora, quizás con medios técnicos adicionales para detectar posibles efectos adversos, esperando que cualquier producto que pueda presentar efectos adversos en el futuro pueda ser sacado del mercado.
Esta compensación de riesgo de precaución ha sido la tónica con respecto a pesticidas y químicos sintéticos. El siglo viente muestra varios casos de productos y tecnologías en que los científicos no han detectado efectos adversos (algunas veces de forma honesta, otras no), y que se pensaba eran completamente seguros- hasta que no lo fueron. Con los OGMs, esta compensación nos ha llevado a situaciones como la proliferación de malezas resistentes al glifosato descritas en el informe, o casos de propagación transgénica en la naturaleza, algo que se declaró que nunca pasaría. Esta misma compensación también resultó en nuestro fracaso en reconocer el cambio climático global hasta que fue demasiado tarde.
Una visión alternativa sería una que limitara las técnicas GM a áreas confinadas (con niveles efectivos de confinación, control e información), donde la investigación científica nos llevara al escenario en donde sepamos lo suficiente sobre los sistemas vivos para que los efectos “impredecibles e inesperados” no sucedan. En estas áreas confinadas, las consecuencias del uso de OGMs, buenas y malas, afectarían sólo a aquellos que tomaran la decisión de usarlas (el equivalente a un paciente dispuesto a usar insulina producida por un organismo recombinante). Mientras tanto, hay suficientes alternativas agrícolas para avanzar y hacerle frente a los desafíos venideros sin la necesidad de agregar al trabajo la perpetua continuidad de “apagar incendios”.

Notas (inglés)

1. Más información y referencias en Food & Water Watch, “Bajo la Influencia: El Consejo Nacional de Investigación y los OGMs”. Mayo 2016. Disponible en : http://www.foodandwaterwatch.org/sites/default/files/ib_1605_nrcinfluence-final-web_0.pdf
2. Esta práctica del “sandwich” fue destacada por el biólogo Philip Regal, quien ha observado y comentado intensivamente sobre los problemas de la NAS/NRC. Ver: Steven M. Druker, Altered Genes, Twisted Truth: How the Venture to Genetically Engineer Our Food Has Subverted Science, Corrupted Government, and Systematically Deceived the Public (Salt Lake City: Clear River Press, 2015), 56.
3. Este fenómeno también fue notado por Philip Regal. Ver Altered Genes, Twisted Truth (citado más arriba), 56.
4. Ver Altered Genes, Twisted Truth, Capítulos 1 y 2.
5. Hilbeck A et al., “No scientific consensus on GMO safety”. Environmental Sciences Europe 27. 2015.http://www.enveurope.com/content/27/1/4/abstract
6. Ver Altered Genes, Twisted Truth, 39-40.
7. Ver Altered Genes, Twisted Truth, 41-42.
8. Para la declaración de polinización cruzada, ver, por ejemplo: http://ngin.tripod.com/020802b.htm.
11. Ledford, Heidi. Epigenetics: The genome unwrapped. Nature 528, S12–S13. Dsiponible en:http://www.nature.com/nature/journal/v528/n7580_supp/full/528S12a.html
* El autor es un biotecnólogo colaborador de la web Observatorio OMG (http://www.observatorio-omg.org/). El nombre del autor está protegido. Editado por Claire Robinson, GMWatch.

 

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