Transgénicos

LAS LANGOSTAS Y LOS FALSOS PROFETAS PAGADOS POR MONSANTO

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No existen cultivos transgénicos, ni de maíz, ni de otros vegetales, modificados genéticamente para repeler insectos del orden Orthoptera, en específico de la especie Schistocerca cancellata que es la plaga que está afectando diversos cultivos en tres departamentos del país

De un tiempo a esta parte, o para ser más precisos desde que la CAO (Cámara Agropecuaria del Oriente), el IBCE (Instituto Boliviano de Comercio Exterior) y los importadores de agroquímicos para la industria agrícola se han empeñado en facilitar la entrada ilegal del maíz transgénico en Bolivia para aumentar sus ingresos, hemos visto como la prensa escrita de los principales medios del país se hace cómplice de este ilícito.

Bolivia está entre los 20 países con más biodiversidad del mundo. Al mismo tiempo, se conocen unas 77 variedades de maíz nativo las que serán irremediablemente perdidas si se autoriza el cultivo de maíz transgénico al país.

En el artículo del diario Los Tiempos de Cochabamba titulado Las langostas se quedarán años en el país; las medidas serán sólo paliativas (1), publicado el día martes 15 de febrero 2017 se pretende desinformar a la población y a los consumidores bolivianos con que “el maíz transgénico no habría sido atacado por las langostas”, dato que nos proporciona la periodista aludiendo a dos entrevistados.

La información de campo a nuestra disposición y confirmada por Sociedad Boliviana de Entomología es que la reciente plaga de langosta especie Schistocerca cancellata tiene origen en Bolivia y que está arrasando indiscriminadamente con diferentes cultivos transgénicos y convencionales ya en tres departamentos del sur y oriente del país.

Nos preocupa enormemente la calidad de la información que los medios ponen a disposición de los lectores dando de forma irresponsable tribuna a la apología falaz que se pretenden hacer de los cultivos transgénicos aprovechando el pánico que la plaga de langostas está ocasionando en Bolivia.

La nota cita al presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos en Bolivia Marco Antonio Villarroel Virhuez quien aparece diciendo que “una inspección demostró que la plaga (de langostas) no afectó cultivos transgénicos, debido a que sus componentes la repelen.”

A este respecto la documentación científica que manejamos como parte de nuestro quehacer diario en el mundo de la agroecología es la siguiente:

No existen cultivos transgénicos, ni de maíz, ni de otros vegetales, modificados genéticamente para repeler insectos del orden Orthoptera, en específico de la especie Schistocerca cancellata que es la plaga que está afectando diversos cultivos en tres departamentos del país. (2)

Nos preguntamos si el señor Marco Antonio Villarroel Virhuez presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos fue malinterpretado por la periodista encargada del artículo o lo que persigue es desinformar a los ciudadanos en relación a los cultivos transgénicos otorgándoles beneficios que no tiene.

Unas líneas más arriba el artículo alude al señor Gary Rodríguez, economista y gerente general del IBCE- suponemos que representante de Monsanto en Bolivia a estas alturas- personaje que no pierde ocasión para tergiversar la verdad en beneficio de las multinacionales de la semilla y de los agroquímicos y en desmedro de la calidad de la alimentación de la población boliviana. El señor Rodríguez insiste una vez más en la “autorización del Gobierno central para el uso de la biotecnología en el agro porque serviría para prevenir las plagas que azotan la producción en Santa Cruz haciéndolas más fuertes ante cualquier insecto u hongo que pueda aparecer como ocurrió con el gusano cogollero el año pasado y lo que sucede hoy con las langostas.”

Esto ya no puede ser responsabilidad de una periodista distraída sino parte de la campaña de desinformación que Monsanto ha montado en Bolivia en alianza con la CAO el IBCE, los distribuidores de productos agroquímicos y con el apoyo de diferentes medios de comunicación para introducir el maíz transgénico en Bolivia.

Los daños generados por la tecnología transgénica en cultivos son impresionantes desde el punto de vista agronómico, social, económico, salud y ambiental.

Los únicos favorecidos son un puñado de empresarios agroindustriales y los vendedores de productos químicos que obtienen buenos ingresos en una economía de escala sin incluir las externalidades negativas en sus balances.

La plaga de las langostas ha sido ocasionada por el desequilibrio ambiental provocado por la deforestación y la agroindustria que con sus pesticidas tóxicos eliminan indiscriminadamente insectos considerados dañinos y otros benéficos para la agricultura tal como lo ha manifestado la Sociedad Boliviana de Entomología hace pocos días. (3)

Más grave aún serán las toneladas de insecticidas que se rociarán afectando gravemente los cultivos para la alimentación humana y animal, hortalizas, frutas y colmenas.(4)

Lamentamos mucho que algunos cotidianos se hagan eco de la campaña de desinformación que se ha ido generando desde IBCE desde un año a esta parte representando esto un grave perjuicio para el medioambiente y para la salud de los consumidores bolivianos.

Rodrigo Lampasona Soruco
Comunicaciones Plataforma Agroecológica

 

Notas

(1) http://www.lostiempos.com/actualidad/economia/20170215/langostas-se-quedaran-anos-pais-medidas-seran-solo-paliativas

(2) http://www.cera-gmc.org/

(3) http://www.agrojornada.com/index.php?sec=1&not=1031

(4) http://www.paginasiete.bo/economia/2017/2/16/fumigacion-langostas-arriesga-criaderos-abeja-127522.html

NUEVA AMENAZA A LA SEGURIDAD Y SOBERANIA ALIMENTARIA EN BOLIVIA

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En las últimas semanas los medios de comunicación han difundido la posición del sector del agronegocio en Bolivia que, ante las pérdidas de los cultivos de soya y maíz por el ataque de plagas, como es el caso del cogollero (Spodopterafrugiperda), ha montado un show mediático con el propósito de presionar al gobierno para que se apruebe la introducción del maíz transgénico (Bt) y un nuevo evento de soya transgénica.

Cabe aclarar que el ataque de plagas se produce porque no se han tomado medidas preventivas de control y/o porque los efectos del cambio climático, como es el caso de la sequía o escasez de lluvias, hacen que las mismas se incrementen. Esto es lo que ha ocurrido en los predios en los que el ataque de dicha plaga se presentó a la opinión pública.

Es bien sabido que cualquier medida de control y de mejora del rendimiento, depende de la calidad del manejo del cultivo, los suelos, del clima y de la semilla. En el caso de las semillas transgénicas, estas han sido diseñadas solo para ser tolerantes a determinados herbicidas y/o producir su propio insecticida. El más claro ejemplo es la soya que, a 12 años de haberse introducido la semilla de soya transgénica, los rendimientos se mantienen en los mismos niveles que la semilla convencional, lo que sí se ha incrementado es el uso de herbicidas e insecticidas en un 400%.

Por todo lo anterior, no se justifica la introducción de transgénicos en Bolivia, para resolver la crisis del agronegocio que se ha agudizado por la aplicación de su propio modelo que es insostenible y depredador del medio ambiente.

Por lo tanto, el argumento de que para frenar el ataque del gusano cogollero en el cultivo de maíz es preciso introducir el maíz transgénico, es una falacia porque si se aprueba no resolverá el problema del ataque de este insecto. Por otra parte se vuelve evidente el riesgo de contaminación de las diversas variedades y razas de maíz que existen en Bolivia y que son la base de la dieta alimentaria de las y los bolivianos.

Nuestro país es considerado centro de origen secundario de maíz, porque tenemos la mayor cantidad de razas del mundo. Bolivia tiene 77 razas identificadas, le sigue México con 69 , después Perú con 66 y Argentina con 47.

Dichas razas nativas están distribuidas en todo el país, desde las tierras altas hasta las tierras bajas de la Chiquitanía, Chaco y Amazonía. Por esta razón es que la introducción del maíz transgénico contaminará irreversiblemente todas nuestras variedades de maíz, atentando aún más contra la seguridad y soberanía alimentaria de los bolivianos.

El argumento de los sectores de la agroindustria que toma como base informes sesgados de la OMS y la FAO, no tiene consistencia científica porque dichas organizaciones no han mencionado que los transgénicos no causen impactos sociales y ambientales. En este sentido, la representación de la FAO en Bolivia deberá aclarar su posición al respecto.El informe científico de la entidad NAS (NationalAcademy of Sciences) de la que se tomaron los argumentos para que el gobierno boliviano considere la legalización de la introducción del maíz transgénico, establece una posición distinta a quienes promueven los transgénicos en Bolivia. Dicho informe describe que las técnicas usadas en ingeniería genética han dado espacio a cambios inesperados en el genoma en niveles mucho más altos que con las técnicas de cultivos clásicos o convencionales.

Sin embargo el maíz transgénico, llamado “betito” ha sido introducido ilegalmente al país y se estima que existen al menos 40.000 hectáreas sembradas en el Chaco y en el norte integrado del departamento de Santa Cruz. Esta es una vieja estrategia ya empleada antes para la introducción de la soya transgénica. Es decir, inundar los campos con transgénicos para después presionar al gobierno para su legalización ante los hechos consumados.

El gobierno en el día del Medio Ambiente nos ha “regalado” el reglamento del Decreto Supremo 2452 sobre el etiquetado de alimentos transgénicos, que no va modificar en nada los actuales cultivos de estos en el país, por el contrario los agronegocios lo están utilizando para presionar la legalización de más cultivos transgénicos, con el argumento que los consumidores están informados, por lo tanto que ellos decidan libremente en el mercado. En la cumbre agropecuaria del 2015 se revivió el etiquetado que ya estaba contemplado en la Ley de la REVOLUCIÓN PRODUCTIVA COMUNITARIA AGROPECUARIA del año 2011 (artículo 15, numeral 3) que nunca se aplicó.

Ahora con el rimbombante termino de Organismo Genéticamente Modificado quieren enterrar el termino de transgénicos que se usa ampliamente y es conocido por los consumidores, asimismo la etiqueta se cambió de rojo al amarillo porque ofendía a los agronegocios. En este sentido el etiquetado se convierte en el caballo de Troya de los agronegocios y del gobierno para avanzar en la legalización de más cultivos transgénicos en el país.

Por lo mencionado, hacemos un llamado, a las organizaciones de la sociedad civil, consumidores y agricultores a pronunciarse y movilizarse al respecto, ya que este nuevo atentado a la seguridad y soberanía alimentaria bajo argumentos falsos, no debe ser permitido y el gobierno debe establecer una posición clara de no permitir el ingreso de transgénicos a Bolivia y sancionar a todos los que han introducido y sembrado ilegalmente maíz transgénico, en el marco de lo establecido por la CPE, la Ley de la Revolución Productiva, la Ley de la Madre Tierra, etc.

Santa Cruz, 25 de Mayo del 2016

 

POR LA PLATAFORMA AGROECOLOGICA DEL TROPICO Y CHACO

PROBIOMA Antonio Sanjinez

CIPCA – Santa Cruz Isabel Mamani

CODAPMA Alejandra Crespo

Consumidores Rodrigo Lampasona

INCADE Adriana Montero

No, la “ciencia” no ha confirmado que los OGMs sean seguros para consumo

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Un biotecnólogo dice que los medios están mal interpretando el informe de la National Academy of Sciences cuando se trata de la seguridad de los OGMs.
Esta semana, el diario español El País publicó un artículo llamado “La Ciencia Confirma que los OGMs son tan Seguros como otros Alimentos”, comentando sobre el último informe de la National Academy of Sciences (NAS), titulado “Cosechas GE: Experiencias y Prospectos”. Sin embargo, el informe pinta un panorama muy distinto del informado por los encabezados.
Primero, y más importante, la NAS no posee una visión “paraguas” sobre la seguridad de los OGMs. Junto a muchos otros cuerpos internacionales, reconoce que tal visión es insostenible, dado que el proceso de los OGMs puede dar paso a distintos e impredecibles efectos para tal caso. El comité destaca que ha recibido “requerimientos exaltados” para dar al público una respuesta simple, general y autoritaria sobre las cosechas GM, pero dada la complejidad de los temas de ingeniería genética, no lo ven como apropiado. En un documento de 400 páginas, el comité desarrolla una visión sobre este tema. Esta visión es, sin duda, más favorable al uso de OGMs en la agricultura que la de la mayoría de los grupos ambientales – pero también es mucho más conservadora que la visión de muchos promotores de los OGMs (incluyendo El País). Lejos de declarar que la “ciencia ha confirmado que los OGMs son seguros para consumo”, el informe puede ser resumido más acertadamente como declarando, “Hay mucho que no sabemos, lo que no es sorpresa porque nadie está investigando.”
Para juzgar por la metodología descrita en el documento, el comité ha sido respetuoso de las distintas visiones sobre este complejo tema, y ha hecho un esfuerzo para evitar distintos tipos de parcialidad. Sin embargo, una parcialidad importante permanece, la que emerge de la relación de varios de sus miembros con importantes compañías de biotecnología y sus organizaciones asociadas, Por ejemplo, la directora del estudio, Kara Laney, solía trabajar para el International Food & Agricultural Trade Policy Council (financiado por Monsanto). Food & Water Watch ha documentado los vínculos de al menos doce de los veintidós miembros del comité con compañías biotecnológicas mundiales, u organizaciones financiadas por ellas.[1]

Sandwich

El nuevo informe de la NAS, como otros informes anteriores de la misma organización, posee una notable estructura “sandwich”: varios capítulos describen los riesgos y problemas percibidos, las limitaciones de los estudios conducidos hasta el momento, y las causas de preocupación, entre los capítulos inicial y final, que muestran una visión mucho más favorable. Son estos capítulos, incial y final, sin los matices intermedios, los que han sido minados por los principales medios o agencias de relaciones públicas.[2]
Este efecto ya se ha destacado en el informe de NAS de 1989, el cual también fue usado para justificar un consenso científico sobre la seguridad de los OGMs, a pesar que limitó su revisión a cosechas y microorganismos experimentales en USA continental (sin incluir a Hawaii o a Puerto Rico). Además, este informe sólo considera los efectos ambientales potenciales, ya que no se habían hecho estudios sobre potenciales efectos a la salud. Pero estos factores no incidieron para que numerosas fuentes amplificaran el informe a todas las posibles aplicaciones de la ingeniería genética que, aparentemente, desde esa fecha han sido bendecidos por la “ciencia” como “seguros”.[3]
Esta amplificación inicial en donde existe consenso científico ha estado ocurriendo desde la primera aplicación de la ingeniería genética. Por ejemplo, en la década de los 70s y 80s, los defensores de la tecnología declaraban de forma repetida que había un consenso de expertos sobre la seguridad de los OGMs, a pesar de que no había evidencia que demostrara su seguridad, y muchos científicos declaraban a viva voz sus preocupaciones.[4] Esta declaración sobre el supuesto consenso científico respecto a la seguridad de los OGMs continúa hasta ahora, aunque es descaradamente falsa. Un documento firmado por cientos de científicos de todo el mundo muestra que dicho consenso científico no existe.[5]
La falta de estudios pre-comercialización que limitarían los efectos impredecibles de la ingeniería genética ha sido tan severa que la primera autorización para cultivo a campo abierto de un maíz GM, en 1980, fue dada años antes de la producción de la primera planta de maíz GM – para qué hablar de la etapa experimental.[6] Al comienzo de esta tecnología, muchos de sus defensores declararon que los OGMs no podían dañar el ambiente dado que su ingeniería genética perjudicaría a los organismos transformados y los inutilizaría para sobrevivir en estado silvestre.[7] Algunos incluso declararon que las cosechas GM no serían capaces de polinizarse cruzadamente[8] o que cualquier virus o microorganismo GM era seguro si su línea parental era segura. Como aún pasa hoy en día, muchas de estas declaraciones fueron hechas sin estudio alguno que las respaldaran – y se ha demostrado, con el tiempo, que son falsas.

NAS reconoce la falta de consenso sobre la seguridad de los OGMs

El informe de la NAS reconoce y aborda la falta de consenso sobre a seguridad de los OGMs y la posibilidad de cambios inesperados a raíz de el proceso de ingeniería genética. Tal como en su último informe, destacan que también pueden emerger efectos inesperados de otras técnicas consideradas dentro de la cría convencional, como la cría de mutación por radiación o inducida químicamente (también llamada mutagénesis).
Esta técnica ha sido usada desde mediados del siglo XX, y ha sido utilizada para generar nuevas variedades elite de cosechas desde la Revolución Verde. Sus posibles efectos adversos no han sido estudiados. Al redactar la Directiva 2001/18 para regular los OGMs, la UE determinó que los organismos desarrollados a través de mutagénesis eran considerados OGMs, pero que no era necesario etiquetarlos o testearlos dada su historia de uso seguro. Los cuestionamientos sobre si esta decisión fue la correcta, sobre si 50 años comprendía el uso seguro, y sobre si era posible evaluar los posibles efectos de estas cosechas luego de este periodo, están fuera del alcance de este artículo.[9]
En cualquier caso, el informe del 2004 de NAS describe cómo la mutagénesis y diferentes técnicas usadas en ingeniería genética han dado espacio a cambios involuntarios a través del genoma en niveles mucho más altos que técnicas de cultivo “clásicas”. Entonces, es confuso que algunas declaraciones del informe de NAS traten a todas las técnicas de crianza convencionales (incluyendo la mutagénesis, la cual la UE considera como ingeniería genética) como lo mismo, ya que de acuerdo al informe de NAS del 2004, hay una gran diferencia entre mutagénesis y otras técnicas de crianza convencionales.
El informe describe dos fuentes de diferencias involuntarias relacionadas con la ingeniería genética que podrían afectar la seguridad alimentaria:
1. Efectos involuntarios de los cambios genéticos dirigidos en otras características de los alimentos (por ejemplo, la presencia involuntaria o el incremento de un componente en células de la planta podrían resultar en cambios en el metabolismo de la planta que afectan la abundancia de otros componentes).
2. Efectos involuntarios asociados con el proceso de ingeniería genética (por ejemplo, cambios del ADN resultado del cultivo en el tejido de la planta).
Esto significa que los rasgos introducidos podrían tener efectos distintos que los deseados, y también que los procesos de transformación y cultivo de tejidos puedan dar inicio a cambios en otras áreas del genoma.[10] Al referirse a los cambios derivados del cultivo de tejidos, el informe habla de cambios tanto genéticos como epigenéticos. Como hace algunos años atrás no podríamos haber pensado en detectar cambios epigenéticos (e incluso hoy sabemos sorpresivamente poco sobre epigenética, de acuerdo a los investigadores involucrados[11]), es posible que pueda existir todo un nuevo nivel de regulación genética que aún no hayamos descubierto. Claramente, no podemos medir los posibles impactos con tecnologías actuales.

Los métodos de evaluación de seguridad actuales no son los adecuados

Ya que estos efectos pueden ocurrir al usar estas técnicas, la siguiente pregunta lógica sería si nuestros métodos de detección y evasión son lo suficientemente buenos. La idea de que los alimentos GM son analizados de forma muy estricta y comprensiva ha sido ampliamente promocionada. Sin embargo, el informe destaca que las evaluaciones actuales poseen deficiencias. Los ejemplos dados incluyen:
• En una discusión sobre la evaluación de una cosecha Bt, el informe dice que no es la EPA de USA la que lleva a cabo los ensayos (un cuerpo público); son hechos por la misma compañía, la cual envía sus resultados a la EPA. Lo mismo pasa en la UE con la European Food Safety Authority (EFSA). Datos duros de estos estudios no son publicados o disponibles para la comunidad científica o al público en general. De hecho, el comité destaca que tampoco tuvo acceso a estos datos, los cuales son protegidos bajo acuerdos comerciales de confidencialidad. En otras palabras, si se encuentra un efecto adverso en una prueba de pre-comercialización, la misma compañía que pretende comercializar el producto tendría que detectar el efecto y notificar al cuerpo público. Esto no tiene sentido desde un punto de vista comercial. Lo más lógico, si se encuentra un efecto adverso en ensayos de pre-comercialización, sería que la compañía no tomara en cuenta esta aplicación, para que nunca sepamos sobre ella. O, si en efecto es sutil y no fuera detectado por los métodos usados (o escogidos), el producto pasaría la prueba de evaluación y entraría en la cadena de alimentos.
• Protocolos internacionalmente aceptados usan muestras pequeñas con poder estadístico limitado, lo cual no detectaría las diferencias entre los tratamientos, o se encontrarían diferencias estadísticamente significativas , las cuales no serían consideradas como biológicamente relevantes.
• Los datos obtenidos al estudiar ganado por periodos largos de tiempo, incluso si no se encontraran efectos adversos, no pueden ser extrapolados a efectos crónicos en humanos, debido a, entre otras cosas, la temprana edad en que se mata a estos animales.
• Respecto a la evaluación a priori de los cambios en los niveles “conocidos” de sustancias tóxicas: Las propiedades tóxicas de algunos componentes de las plantas son entendidos, pero no han sido estudiados.
• La detección de alergias a nuevas proteínas (producidas por la introducción de un gen o por un gen diferente que ha sido alterado como resultado de la transformación GM y/o el proceso de cultivo de tejidos) no puede ser garantizada con los métodos actuales; se necesitarían estudios de post-comercialización.
• Los estudios que han sido conducidos han encontrado diferencias entre animales alimentados con GM vs animales alimentados con no GM; estas diferencias eran estadísticamente significativas (i.e. no fueron causadas por el azar, si no por el tratamiento), pero no fueron consideradas como biológicamente relevantes. Sin embargo, lo considerado “biológicamente relevante” no se define de antemano, y el poder estadístico de los estudios no es calculado. Las diferencias encontradas podrían significar que existían efectos adversos pero la metodología no fue capaz de detectarlos. Entonces, el informe tiene razón cuando dice que incluso cuando no se han encontrado efectos adversos, no signifique que no existen – un punto ignorado por muchos encabezados de los medios sobre el informe. De hecho, un estudio de alimentación fue conducido con un tipo de arroz en el que un gen fue introducido para producir una toxina conocida (como control positivo), y no se encontraron efectos adversos. Debido a esto, el informe nota la necesidad de conducir más estudios con una metodología corregida: los estudios hechos hasta el momento que no muestran efectos adversos no pueden ofrecer datos concluyentes respecto a su seguridad.
• Los datos y estudios actualmente disponibles no pueden ser usados para sacar conclusiones sobre posibles efectos a largo plazo en la salud humana. Sin embargo, y dadas las preocupaciones percibidas de las personas entrevistadas, el comité no hace esfuerzo alguno en usar los datos disponibles (los cuales, destacan, son insuficientes y no pueden ser usados para sacar datos concluyentes) para detectar posibles cambios en la incidencia de distintas enfermedades crónicas. Sin embargo, como destaca el comité, es un acercamiento muy magro al momento de detectar dichos problemas. Para detectarlos con confianza, se necesitarían estudios de post-comercialización, los que controlan un gran número de variables para que la única diferencia entre los grupos fuera el consumo y el no consumo de alimentos GM (o un alimento GM en particular).
Muchos de estos comentarios, y especialmente el último, nos lleva a lo que pueden ser los puntos clave del desacuerdo: las metodologías actuales no son apropiadas para garantizar la seguridad (por “garantizar” me refiero en un nivel similar de garantía al que tenemos con los alimentos obtenidos a través de técnicas con una alta probabilidad de generar efectos involuntarios, de acuerdo a la escala en el informe de NAS del 2004). Pero garantizar este nivel de seguridad con la nueva técnica sería algo muy costoso y casi imposible. En muchos puntos, el informe habla de “riesgos aceptables”. Pero quién decide qué nivel de riesgo sería aceptado por la población? Es necesariamente una decisión científica? La decisión, lógicamente, debe ser respaldada por datos científicos, entre otras cosas, pero eso no significa que todo el proceso de toma de decisiones debe ser conferido sólo a esta área.

¿Negocios como siempre?

La posición del informe, y donde se desvía de la visión de muchos ambientalistas, es que cuando se ve enfrentado con esta situación, lo mejor que podemos hacer es continuar comercializando estos alimentos como lo hemos hecho hasta ahora, quizás con medios técnicos adicionales para detectar posibles efectos adversos, esperando que cualquier producto que pueda presentar efectos adversos en el futuro pueda ser sacado del mercado.
Esta compensación de riesgo de precaución ha sido la tónica con respecto a pesticidas y químicos sintéticos. El siglo viente muestra varios casos de productos y tecnologías en que los científicos no han detectado efectos adversos (algunas veces de forma honesta, otras no), y que se pensaba eran completamente seguros- hasta que no lo fueron. Con los OGMs, esta compensación nos ha llevado a situaciones como la proliferación de malezas resistentes al glifosato descritas en el informe, o casos de propagación transgénica en la naturaleza, algo que se declaró que nunca pasaría. Esta misma compensación también resultó en nuestro fracaso en reconocer el cambio climático global hasta que fue demasiado tarde.
Una visión alternativa sería una que limitara las técnicas GM a áreas confinadas (con niveles efectivos de confinación, control e información), donde la investigación científica nos llevara al escenario en donde sepamos lo suficiente sobre los sistemas vivos para que los efectos “impredecibles e inesperados” no sucedan. En estas áreas confinadas, las consecuencias del uso de OGMs, buenas y malas, afectarían sólo a aquellos que tomaran la decisión de usarlas (el equivalente a un paciente dispuesto a usar insulina producida por un organismo recombinante). Mientras tanto, hay suficientes alternativas agrícolas para avanzar y hacerle frente a los desafíos venideros sin la necesidad de agregar al trabajo la perpetua continuidad de “apagar incendios”.

Notas (inglés)

1. Más información y referencias en Food & Water Watch, “Bajo la Influencia: El Consejo Nacional de Investigación y los OGMs”. Mayo 2016. Disponible en : http://www.foodandwaterwatch.org/sites/default/files/ib_1605_nrcinfluence-final-web_0.pdf
2. Esta práctica del “sandwich” fue destacada por el biólogo Philip Regal, quien ha observado y comentado intensivamente sobre los problemas de la NAS/NRC. Ver: Steven M. Druker, Altered Genes, Twisted Truth: How the Venture to Genetically Engineer Our Food Has Subverted Science, Corrupted Government, and Systematically Deceived the Public (Salt Lake City: Clear River Press, 2015), 56.
3. Este fenómeno también fue notado por Philip Regal. Ver Altered Genes, Twisted Truth (citado más arriba), 56.
4. Ver Altered Genes, Twisted Truth, Capítulos 1 y 2.
5. Hilbeck A et al., “No scientific consensus on GMO safety”. Environmental Sciences Europe 27. 2015.http://www.enveurope.com/content/27/1/4/abstract
6. Ver Altered Genes, Twisted Truth, 39-40.
7. Ver Altered Genes, Twisted Truth, 41-42.
8. Para la declaración de polinización cruzada, ver, por ejemplo: http://ngin.tripod.com/020802b.htm.
11. Ledford, Heidi. Epigenetics: The genome unwrapped. Nature 528, S12–S13. Dsiponible en:http://www.nature.com/nature/journal/v528/n7580_supp/full/528S12a.html
* El autor es un biotecnólogo colaborador de la web Observatorio OMG (http://www.observatorio-omg.org/). El nombre del autor está protegido. Editado por Claire Robinson, GMWatch.

 

Por lo visto estamos con la CAO y no con la CSUTCB

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Terminó la esperada Cumbre Alimentaria (que en realidad pasó a llamarse Cumbre Agropecuaria, lo que ya era un síntoma preocupante) y sus resultados resultan sumamente preocupantes. Para empezar, los delegados de la CSUTCB eran la mitad que los delegados de la CAO y simplemente no se los escuchó.
Por Rafael Puente
Se hizo a un lado la Ley de la Revolución Productiva y se tomó decisiones que, en conjunto, configuran un horizonte mental de desarrollismo puro y simple -que siempre fue el horizonte de la CAO, por supuesto-, ignorando olímpicamente el horizonte del Vivir Bien y el de la Soberanía Alimentaria, al igual que los derechos de la Madre Tierra, para concentrarse en la expectativa de generar mayores recursos por exportación (¿Acaso para compensar la disminución de ingresos por hidrocarburos?). Y, para colmo, se hizo a un lado la Constitución Política del Estado (CPE). Pero vamos por partes.

1. La deforestación masiva. Bajo el título de “ampliación de la frontera agrícola”, la Cumbre consagró el viejo proyecto de deforestación de millones de hectáreas de bosque -del poco que nos queda- que se destinarán a la siembra de alimentos (no precisamente para garantizar la canasta familiar, sino para la exportación).
Por lo visto a nadie le preocupaba el cambio climático, ni el calentamiento global, ni la creciente desertización de nuestras tierras bajas. Con esta decisión se viola los artículos 348, 386 y 387 de la CPE (que insiste en el carácter estratégico de nuestros bosques).
2. La promoción de la producción de transgénicos. Además de consolidar la producción de soya transgénica -desgracia que se viene produciendo hace ya 10 años-, se discutió la posibilidad de aprobar el cultivo de maíz y algodón transgénicos, y como tomar esa definición en la propia Cumbre resultaba demasiado provocativo, se le transfirió la decisión a la Asamblea Legislativa (que sin duda la va a aprobar, no tenemos por qué pensar que esta Asamblea será más independiente que la anterior, todo lo contrario).
No sólo está comprobado que los transgénicos son dañinos para la salud humana y animal -comprobación que no tiene carácter oficial, ya que los organismos oficiales de Naciones Unidas difícilmente se van a oponer a las dueñas reales del planeta que son las transnacionales-, sino que además está comprobado -y esta vez sí por la OMS- el carácter mortalmente dañino del glifosato, un agrotóxico inseparable de la producción de transgénicos. Además, aquí se viola el artículo 2558 de la CPE (que establece la prohibición de importación, producción y comercialización de organismos genéticamente modificados y elementos tóxicos que dañen la salud y el medio ambiente).
3. La eliminación de la Función Económico Social como condición para la tenencia de grandes extensiones de tierra cultivable. De esta manera se viola los artículos 393, 397, 398 y 401 de la CPE, ya que nuestra Carta Magna no da pie para ninguna postergación de esa condición, ni para ningún tipo de paréntesis (es lo mismo que cuando Sánchez de Lozada permitió el monopolio de una transnacional -ENTEL- con el argumento de que era “sólo por cinco años”).
4. La Soberanía Alimentaria. Esta meta programática (planteada en la CPE, artículos 2558, 3094 y 405) no sólo fue ignorada, sino que fue directamente contrariada. Para empezar, es un sarcasmo pensar que se puede favorecer esa soberanía sometiendo la producción a una poderosa transnacional, como es la Monsanto; y menos aun cuando el horizonte estratégico que se busca no es la alimentación de nuestra población, sino el incremento de las exportaciones.

En resumen, la esperada cumbre sólo nos ha proporcionado decepción y nos deja desarmados/as ante el poder transnacional -y de sus sempiternos aliados que con los señores de la CAO y la Cainco-, desarmados frente a una eventual crisis alimentaria mundial (pensemos sólo en el trigo que tanto consumimos y tan poco producimos) y desarmados ante el calentamiento global. ¿Será que vamos de la descolonización a una recolonización?

El autor es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.